
El D2 de Mendoza fue uno de los principales centros clandestinos de detención durante la última dictadura militar. Su funcionamiento dejó una marca profunda en la historia de la provincia.
Ubicado en pleno centro, el lugar operaba bajo un sistema de absoluta clandestinidad, donde las personas detenidas eran sometidas a torturas físicas y psicológicas.
Las celdas eran pequeñas, oscuras y sin condiciones mínimas de higiene. Los detenidos permanecían vendados y aislados, sin contacto con el exterior.
Los testimonios de sobrevivientes coinciden en describir un ambiente de terror constante, donde los gritos y los golpes eran parte de la rutina diaria.
Además de las torturas, muchos detenidos fueron asesinados o desaparecidos, en un esquema que buscaba eliminar cualquier tipo de oposición.
Hoy, el lugar funciona como un espacio de memoria, donde se busca preservar la historia y promover la reflexión.

