
La industria de la carne vacuna atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años. Durante abril de 2026, la producción cayó un 13% a nivel nacional y la faena bovina retrocedió un 15,3% interanual, según datos del Consorcio de Exportadores ABC. Detrás de estos números aparece un fenómeno cada vez más visible en las góndolas y carnicerías: los consumidores reemplazan la carne vacuna por opciones más económicas como el pollo y el cerdo.
En total, durante el último mes se procesaron apenas 960,9 mil cabezas de ganado (173 mil menos que en abril de 2025), consolidando una baja acumulada cercana al 10% en el primer cuatrimestre del año. La menor disponibilidad de hacienda pesada, sumada a las dificultades climáticas y a la necesidad de recomponer el stock ganadero, profundizó la crisis del sector.

Desde Mendoza, Agustín Fernández (referente de la Específica de Ganadería de General Alvear) explicó a los medios que el principal cambio pasa por el bolsillo de las familias. Tras la reciente Fiesta Nacional de la Ganadería, sostuvo que la pérdida de poder adquisitivo modificó el consumo y desplazó a los cortes vacunos tradicionales frente a proteínas alternativas más accesibles.
A pesar de este escenario, el sector encontró un dato moderadamente alentador en los feedlots, que cerraron abril con más de dos millones de cabezas en encierre. Según Fernández, los precios de la hacienda en pie comenzaron a mostrar cierta estabilidad en las últimas semanas (aunque la falta de animales pesados continúa afectando el rendimiento productivo).
Mientras tanto, el gran desafío de la ganadería argentina pasa por recuperar competitividad en un mercado donde el pollo y el cerdo ya dejaron de ser una opción secundaria para transformarse en protagonistas del consumo diario.

