
Aunque no se trata de una fecha oficial, la celebración ganó un enorme arraigo popular en el país. El origen combina una trágica historia de la antigua Roma con el fuerte lazo afectivo de quienes suelen ser los primeros amigos de la infancia.
Cada 9 de junio, los teléfonos se llenan de mensajes, memes y recuerdos compartidos en los grupos familiares. El Día del Primo se convirtió en una fecha ineludible del calendario afectivo en gran parte de Latinoamérica, incluyendo a la Argentina, Colombia, Ecuador, México y Uruguay. Se trata de un festejo meramente popular, nacido de la necesidad de rendir homenaje a esos familiares que, en la enorme mayoría de los casos, funcionan como los primeros amigos de la vida.
A pesar de la ligereza y la alegría con la que se vive el festejo en la actualidad, el origen histórico de la fecha es llamativo y se remonta a los tiempos del Imperio Romano. La conmemoración evoca la historia de los hermanos San Feliciano y San Primo, dos cristianos que vivieron durante el siglo III.
El origen: el martirio de San Primo
La elección del 9 de junio responde directamente al santoral católico de este día, que recuerda el trágico destino de ambos hermanos:
- La persecución: San Primo y San Feliciano fueron fervientes creyentes en una época de extrema hostilidad hacia el cristianismo. Fueron denunciados, perseguidos y finalmente arrestados.
- La ejecución: por negarse a renunciar a su fe y rechazar los sacrificios a los dioses paganos, el emperador Diocleciano ordenó su ejecución en el año 297 d.C.
- Un hito en Roma: tras su muerte, se convirtieron en los primeros mártires de la Iglesia en ser sepultados formalmente dentro de las murallas de la ciudad de Roma.
La coincidencia lingüística con el nombre de uno de los santos (San Primo) fue el disparador para que, con el paso de los siglos, la cultura popular hispanohablante adoptara la fecha para celebrar el vínculo de parentesco. Hoy, despojada de su impronta estrictamente religiosa, la jornada es una excusa perfecta para recordar el valor de esos cómplices de travesuras infantiles, asados familiares y secretos compartidos que marcan la historia de cualquier hogar.

