
La caída del poder adquisitivo y el aumento sostenido de precios impactan en la demanda. También se registran retrocesos en la producción durante el primer trimestre.

El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a mostrar signos de retracción durante marzo y se ubicó en valores cercanos a los más bajos de las últimas décadas.
Según los últimos datos, el promedio anual por habitante se situó en 47,3 kilos, lo que representa una disminución del 3,7% en comparación con el mismo período del año anterior. A nivel mensual, la caída fue aún más pronunciada, con un total de 512,8 mil toneladas consumidas, lo que implica un retroceso del 10% interanual.
En paralelo, si bien durante marzo se registró un leve repunte en la producción, que alcanzó las 243.000 toneladas, y el balance general del primer trimestre continúa en terreno negativo. Entre enero y marzo, la producción acumulada rondó las 700.000 toneladas, marcando una baja del 5,1% respecto al mismo período de 2025.
La actividad en frigoríficos también reflejó esta tendencia, con una faena cercana a los 3 millones de cabezas, lo que significó una caída del 7,6% interanual.
En cuanto al comercio exterior, las exportaciones presentaron un comportamiento irregular. Durante febrero se despacharon alrededor de 40.000 toneladas, con una baja tanto mensual como interanual. No obstante, en el acumulado del primer bimestre se registró una leve suba del 5,7%, con China, Estados Unidos e Israel como principales destinos.
Por otro lado, los precios continúan en ascenso. Aunque el valor del ganado en pie mostró una leve desaceleración en el corto plazo, en la comparación interanual se evidencian incrementos superiores al 60%.
En las góndolas, la suba también se hizo sentir: la carne aumentó un 6,9% en marzo y acumula un alza del 55,1% en el último año, superando el ritmo de la inflación general. Cortes tradicionales como el asado, la nalga, la paleta, el cuadril y la carne picada registraron incrementos por encima del 60%.
El escenario refleja una combinación de factores que impactan directamente en el consumo: pérdida del poder adquisitivo, suba de precios y menor nivel de producción, en un contexto que golpea a uno de los alimentos más emblemáticos de la dieta argentina.
