septiembre 27, 2026

Del auge de las manzanas al vino y la horticultura: cómo cambió la producción del Valle de Uco

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El Valle de Uco atraviesa desde hace décadas una profunda transformación de su matriz productiva. Lo que alguna vez fue una de las principales zonas frutícolas de Mendoza, con miles de hectáreas destinadas a manzanas y peras, se convirtió con el paso de los años en una región reconocida internacionalmente por sus vinos. Ahora, una nueva reconversión vuelve a modificar el paisaje productivo de departamentos como Tunuyán, Tupungato y San Carlos.

La historia de esos cambios puede observarse en la experiencia de productores que atravesaron distintas etapas de la agricultura regional. Uno de ellos es Carlos Dávila, productor de Tunuyán y actual vicepresidente de la Cámara de Comercio del departamento, quien repasó la evolución de la actividad y las dificultades que enfrentaron los productores durante las últimas décadas.

Según los datos mencionados por Dávila en diálogo con Bichos de Campo, durante la década de 1980 el Valle de Uco llegó a contar con unas 30.000 hectáreas de manzanas y peras. Actualmente, esa superficie se habría reducido a unas 1.600 hectáreas, mientras que la vitivinicultura ocupa alrededor de 29.000 hectáreas.

De las frutas al vino

La transformación comenzó a acelerarse durante las últimas décadas del siglo pasado. La producción de frutas de pepita perdió espacio y posteriormente crecieron cultivos como el durazno, la cereza y otras producciones destinadas tanto al mercado fresco como a la industria conservera.

A mediados de la década de 1990, la vitivinicultura comenzó a adquirir un protagonismo cada vez mayor. La llegada de inversiones vinculadas al sector permitió la instalación de nuevas bodegas y el desarrollo de un modelo que no solamente modificó la producción agrícola, sino también la actividad turística y gastronómica del Valle de Uco.

El crecimiento de la actividad vitivinícola convirtió a la región en un destino asociado al vino de alta gama y al turismo enológico. Sin embargo, el cambio también implicó una reducción de otras actividades que durante décadas habían formado parte de la economía local.

La desaparición de buena parte de la producción frutícola tuvo además consecuencias sobre las actividades vinculadas a la cadena de valor. Según el testimonio de Dávila, el Valle contaba anteriormente con numerosos galpones de empaque, frigoríficos y establecimientos relacionados con la industria maderera utilizada para los cajones de comercialización.

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Una nueva reconversión

El escenario productivo volvió a modificarse en los últimos años. La caída del mercado vitivinícola y las dificultades que atraviesan algunos pequeños productores para colocar su producción de uva llevaron a que parte del sector comenzara a evaluar nuevamente otras alternativas.

Una de ellas es la horticultura, principalmente cultivos como tomate, ajo y papa. La principal diferencia respecto de la reconversión hacia cultivos permanentes es el tiempo necesario para comenzar a obtener ingresos.

Mientras que pasar de la vid a un monte frutal puede requerir varios años hasta alcanzar una producción significativa, los cultivos hortícolas permiten generar ingresos en períodos mucho más cortos.

En el caso del tomate, Dávila también destacó el funcionamiento del programa Tomate 2000 y la posibilidad de contar con mecanismos de cobertura de los costos de producción bajo determinados esquemas de contratación. En su propia experiencia, relató que una producción de tomate afectada por una tormenta de granizo contó con cobertura de los costos productivos.

Manzanas y cerezas vuelven a aparecer

La transformación, sin embargo, no necesariamente significa el final de los cultivos que alguna vez dominaron el Valle.

De acuerdo con el productor tunuyanino, algunas plantaciones de manzana comenzaron nuevamente a mostrar condiciones de rentabilidad y se observa un incipiente regreso de este cultivo. Una situación similar, según explicó, se estaría produciendo con la cereza.

El proceso refleja una característica histórica de la agricultura del Valle de Uco: la capacidad de los productores de adaptarse a las condiciones del mercado, los costos, el clima y las posibilidades de comercialización.

Una región que vuelve a cambiar

En cuatro décadas, el Valle de Uco pasó de tener una fuerte identidad vinculada con las manzanas y las peras a convertirse en uno de los principales polos vitivinícolas de Mendoza. En el camino también crecieron el durazno, la cereza, los frutos secos y distintas producciones hortícolas.

Ahora, mientras la vitivinicultura continúa ocupando un lugar central en la economía regional, algunos productores exploran nuevamente otras alternativas para sostener la rentabilidad de sus tierras.

La historia productiva del Valle de Uco demuestra así que la agricultura regional no permanece estática: los cultivos cambian, las cadenas de valor se transforman y los productores buscan nuevas formas de sostener la actividad frente a los distintos escenarios económicos y productivos.