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La familia desalojada de las tierras que compró Abel Pintos en Mendoza pide ayuda

junio 4, 2025

Viven en el departamento de Lavalle.

Alberto “Tito” Angulo, Yésica Ferreira y sus cuatro hijos, quedaron sin hogar tras ser desalojados del lote que habían comprado con todos sus ahorros en Lavalle. Hoy viven como pueden y necesitan $5 millones o materiales para volver a construir.

El 28 de mayo la justicia mendocina ordenó la expulsión de la familia Angulo Ferreira de un terreno de 1.500 m² en San Francisco, Lavalle. Allí habían invertido la indemnización que Tito cobró en 2023 por un accidente laboral. Lo compraron a un particular –Ricardo Morales–, quien les cedió los derechos posesorios. Lo que nunca supieron es que esa parcela formaba parte de las 93 hectáreas que el cantante Abel Pintos y su socio, Marcelo González, adquirieron al HSBC con todos los derechos registrales para un proyecto agroeducativo.

Durante el mes de marzo, tras la denuncia de los representantes del músico, el fiscal Juan Carlos Alessandra imputó al matrimonio por usurpación de inmueble y la semana pasada efectivos judiciales retiraron la vivienda pieza por pieza. “Nos dejaron sacar el quincho y lo esencial. Perdimos dinero, tiempo e ilusiones”, lamenta Tito.

Desde ese día, los seis duermen en un terreno prestado en Jocolí viejo. Allí apenas alcanzaron a armar una carpa y apilar tablones mientras deciden si aceptan la propuesta del dueño: comprar la parcela por $5 millones. “No tenemos un peso. Solo queremos un lugar fijo para reconstruir la casa y trasladar a nuestros animales, que son terapéuticos para mi hijo de 13 años, diagnosticado con psicosis infantil”, explica el padre.La municipalidad ofreció reubicarlos en otro predio, pero sin los animales. “No podemos separarlos de nuestro hijo; le dan calma”, sostiene Yésica.

La familia inició una campaña solidaria para reunir dinero o materiales de construcción (ladrillos, cemento, chapas, postes, alambre). Quienes puedan colaborar pueden comunicarse al 261 334‑4989 (Tito Angulo). “No pedimos limosna; solo una mano para levantar paredes y arrancar de nuevo”, subraya.