
La vitivinicultura mendocina enfrenta un nuevo escenario de incertidumbre. Según datos difundidos por la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (ACOVI), la cosecha de uva 2026 podría registrar una disminución del 17% en comparación con el ciclo anterior, un dato que impacta de lleno en productores y bodegas.
La proyección fue compartida públicamente por el ministro de Producción de Mendoza, Rodolfo Vargas Arizu, quien remarcó la relevancia del informe para la planificación del sector. A pesar de la merma estimada, el funcionario instó a los productores a defender el precio de la uva.
Según expresó, el actual stock vínico, la estabilidad en el consumo interno y una expectativa de crecimiento en las exportaciones de vino y mosto podrían contribuir a mejorar el valor de la materia prima en el mercado.

El mensaje oficial llega en un contexto complejo para las economías regionales. De acuerdo con el “Semáforo de Economías Regionales” que elabora la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (CONINAGRO), el complejo vitivinícola se encuentra en zona crítica, lo que implica que los ingresos actuales no logran compensar la suba de costos.
El informe advierte que sectores como el vino y el mosto, además de las hortalizas y la fruticultura, atraviesan dificultades para sostener la rentabilidad. Entre los factores que presionan al sector se destacan el aumento en energía, logística, mano de obra y financiamiento, en un escenario donde los precios no evolucionan al mismo ritmo que la inflación.
En una provincia donde la vitivinicultura no solo es un motor económico sino también un símbolo cultural, la combinación de menor cosecha y rentabilidad ajustada enciende señales de alerta. El comportamiento del mercado interno y externo en los próximos meses será determinante para definir si la reducción productiva termina traduciéndose en una mejora real en el precio de la uva o en una mayor tensión para los productores.

