octubre 28, 2026

La humedad y las lluvias ponen en alerta a los productores de frutales y viñedos

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Un especialista advirtió que las precipitaciones frecuentes, el rocío y las noches húmedas favorecen el desarrollo de enfermedades en los cultivos. Recomendó anticiparse con tratamientos preventivos para reducir pérdidas y evitar mayores gastos.

Las lluvias recurrentes y la elevada humedad ambiental encendieron una señal de alerta para los productores agrícolas de Mendoza. Estas condiciones pueden favorecer la aparición de hongos y bacterias que afectan tanto a los frutales como a los viñedos, con posibles consecuencias sobre la calidad y el volumen de la cosecha.

El ingeniero agrónomo Alain Boulet, explicó que el riesgo sanitario no depende únicamente de cuánto llueve, sino también del tiempo que las hojas y otras partes de las plantas permanecen mojadas.

Cuando descienden las temperaturas durante la noche, la humedad se condensa y forma rocío. Si esa humedad se mantiene durante varias horas y las condiciones se repiten a lo largo de varios días, aumenta la posibilidad de que se desarrollen determinadas enfermedades.

Qué enfermedades pueden afectar a los cultivos

Los riesgos varían según la especie y el momento del ciclo productivo. En los durazneros, por ejemplo, Boulet señaló la viruela o mal de munición y el torque, dos enfermedades que pueden presentarse durante la primavera.

En etapas posteriores, cuando los frutos comienzan a acumular azúcar, puede aparecer la monilia, un hongo que afecta a la fruta. En el ciruelo europeo, en tanto, las noches más frescas y la condensación pueden generar condiciones propicias para la roya.

Los viñedos tampoco quedan al margen. La humedad puede favorecer enfermedades como el oídio y el mildiu, conocido en la viticultura como peronóspora. Esta última preocupa especialmente cuando afecta los racimos, ya que puede provocar pérdidas directas en la producción.

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El tiempo que las hojas permanecen mojadas, un factor clave

Según explicó el especialista, la duración de la humedad sobre las plantas es determinante para el desarrollo de algunas infecciones. Como referencia general, mencionó períodos de entre 40 y 45 horas de hojas mojadas, aunque las condiciones necesarias varían según la enfermedad y el cultivo.

Por ejemplo, si las hojas permanecen húmedas durante unas 15 horas por noche y mañana, en tres días podría acumularse un tiempo de exposición importante para el desarrollo de ciertos patógenos.

Boulet también advirtió que el riesgo puede aumentar hacia fines del verano y durante el otoño, cuando las noches comienzan a ser más frescas y se favorece la formación de rocío. Como antecedente, recordó el episodio de El Niño de 1998, cuando, según señaló, las lluvias registradas en febrero generaron condiciones favorables para enfermedades en frutales y viñedos.

La prevención, una herramienta para reducir costos

Ante este escenario, Boulet remarcó que la estrategia más conveniente es prevenir antes de que aparezcan los síntomas. Para ello, recomendó evaluar la aplicación anticipada de fungicidas adecuados para cada especie y situación sanitaria.

Entre las alternativas mencionó el polisulfuro de calcio, utilizado en fruticultura, y productos a base de cobre para determinados tratamientos en viñedos, como el oxicloruro y el sulfato de cobre.

Sin embargo, aclaró que la efectividad de los productos depende de su uso y de las condiciones climáticas. Algunos fungicidas de contacto pueden perder eficacia cuando las lluvias los lavan, por lo que es necesario evaluar cuándo y cómo realizar las aplicaciones.

El ingeniero sostuvo que anticiparse puede evitar tratamientos más costosos una vez que la enfermedad se instala y disminuir el impacto económico de las pérdidas productivas. Por eso, aconsejó a los productores consultar las recomendaciones técnicas específicas para cada cultivo y no confiar en productos promocionados como soluciones universales.