
El último relevamiento de la CONINAGRO encendió alarmas en el sector agroindustrial: nueve economías regionales ingresaron en zona de crisis (el nivel más alto del año), afectando producciones clave como el vino, la yerba mate, la leche y las hortalizas. El informe refleja un escenario donde la recuperación tras la sequía no alcanzó para sostener la actividad.
El principal problema identificado es el desajuste entre la producción y la demanda (con mayor oferta pero menor capacidad de compra). Según el economista David Miazzo, los productores lograron recomponer volúmenes, pero se encontraron con un mercado interno debilitado que no convalida precios suficientes para cubrir costos en alza.
A este escenario se suma la pérdida del poder adquisitivo (producto de la inflación sostenida), que volvió a golpear el consumo desde los últimos meses. La desaceleración esperada no se consolidó y los ingresos quedaron rezagados, lo que impactó directamente en las ventas y frenó cualquier intento de recuperación.

Desde el sector advierten que la salida depende de una mejora real en los ingresos (con inflación más baja y sostenida). En ese sentido, sostienen que recién con un índice de precios por debajo del 2% mensual de manera estable podría comenzar a revertirse la tendencia negativa y reactivarse el mercado interno.
En paralelo, la competitividad externa también aparece comprometida: el atraso cambiario (con un tipo de cambio poco favorable para exportar) limita las posibilidades de crecimiento fuera del país. Así, el sector enfrenta un doble desafío: un consumo interno debilitado y un contexto internacional que tampoco logra traccionar la actividad.


