
El consumo de carne vacuna en Argentina atraviesa uno de sus peores momentos: en febrero se ubicó en 47,3 kilos per cápita anuales, el nivel más bajo de los últimos 20 años, con una caída interanual del 2,5%. El dato confirma el deterioro del poder adquisitivo y refleja con claridad el difícil contexto económico.
Según un informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes, el consumo interno también se contrajo con fuerza (13,8% menos), alcanzando apenas 332.700 toneladas, lo que marca uno de los registros más bajos de los últimos años. Para el sector, la principal causa es la falta de hacienda (producto de sequías e inundaciones previas), lo que redujo la oferta y empujó los precios al alza.
La situación también se replica en Mendoza, donde el impacto es directo en el día a día. “La caída del consumo ronda el 30%”, aseguró un carnicero del Gran Mendoza (especialmente en cortes populares), mientras que los cortes de mayor valor (que superan los 20 mil pesos por kilo) muestran una leve menor retracción.

Frente a este escenario, los consumidores optan por alternativas más económicas (como pollo o cerdo), cuya demanda creció cerca de un 40%, aunque eso también terminó presionando sus precios. Además, el ticket promedio de compra bajó considerablemente (muchas operaciones no superan los 10 mil pesos), lo que obliga a los comerciantes a reinventarse con productos elaborados para sostener las ventas.
En paralelo, las exportaciones se mantienen firmes e incluso en crecimiento (con subas de hasta el 30% en el valor por tonelada), lo que reduce aún más la disponibilidad en el mercado interno. A esto se suma la ampliación de cupos hacia mercados como Estados Unidos (que cuadruplicará sus compras), consolidando un escenario donde la carne argentina gana valor afuera, pero pierde presencia en la mesa de los hogares.

