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A 50 años del golpe: el estremecedor testimonio de una ex presa política en el D2

marzo 24, 2026

A medio siglo del golpe militar de 1976, los testimonios de quienes sobrevivieron al terrorismo de Estado siguen revelando el alcance de la violencia ejercida durante la dictadura. En Mendoza, uno de los relatos más impactantes es el de una mujer que estuvo detenida en el D2, el principal centro clandestino de la provincia, donde funcionó un sistema de tortura y represión ilegal.

Se trata de la historia de Silvia Ontivero, quien fue secuestrada en febrero de 1976 y permaneció varios días cautiva en ese lugar. Su testimonio, reconstruido en base a declaraciones públicas y entrevistas periodísticas por parte del Diario UNO, describe con crudeza lo que vivió durante su detención.

Según relató, el paso por el D2 no solo implicaba torturas físicas, como golpes y picana eléctrica, sino también un componente aún más devastador: la violencia sexual sistemática. La mujer habló de un “doble castigo”, en referencia a los abusos y las agresiones que sufrían las detenidas.

Durante su cautiverio, explicó que las agresiones sexuales eran reiteradas y formaban parte de una práctica instalada dentro del centro clandestino. Incluso, sostuvo que las violaciones se repetían a diario, en un contexto de absoluta indefensión.

El relato también da cuenta de las condiciones en las que se encontraban las víctimas: vendadas, aisladas y sometidas a un constante clima de terror. A pesar de ello, muchas lograban identificar a sus agresores por detalles mínimos, como la voz o los movimientos.

Además del sufrimiento físico, la sobreviviente recordó las humillaciones y el intento de degradación psicológica. Las detenidas eran insultadas, despojadas de su identidad y tratadas con extrema violencia, en un esquema que buscaba quebrarlas emocionalmente.

Las consecuencias de estos abusos fueron devastadoras. En su caso, las agresiones dejaron secuelas permanentes en su cuerpo y su vida. Sin embargo, décadas después, decidió dar su testimonio en los juicios por delitos de lesa humanidad, contribuyendo a reconstruir la memoria colectiva.

A 50 años del golpe, su historia no solo expone el horror del pasado, sino que también funciona como un llamado a las nuevas generaciones. La propia sobreviviente planteó la importancia de mantener viva la memoria y de comprometerse con la defensa de los derechos humanos.

En ese sentido, estos relatos —recuperados y difundidos en trabajos periodísticos como los publicados por medios mendocinos— continúan siendo fundamentales para entender lo ocurrido y evitar que hechos similares vuelvan a repetirse.