El fenómeno climático que podría intensificarse hacia fines de 2026 plantea un escenario con mayores niveles de humedad y precipitaciones para Mendoza. Para el sector agrícola, el agua extra puede ser una oportunidad, aunque las tormentas, el granizo y las enfermedades asociadas a la humedad representan desafíos para los productores.
La posible llegada de un El Niño de fuerte intensidad comienza a ser seguida de cerca por el sector productivo de Mendoza. Aunque el fenómeno suele asociarse a un aumento de las lluvias, para una provincia árida como Mendoza el escenario presenta una particularidad: más agua puede significar una oportunidad, pero también nuevos riesgos para los cultivos.
Especialistas consultados por medios mendocinos advierten que el fenómeno podría favorecer una mayor humedad y una mayor frecuencia de precipitaciones durante la primavera y el comienzo del verano. Sin embargo, todavía existe incertidumbre sobre la intensidad que finalmente alcanzará y sobre cómo se manifestará en cada zona.
El agua, una posible buena noticia para Mendoza
Uno de los efectos que podría resultar beneficioso para la provincia es una mayor disponibilidad de agua.
Las precipitaciones y una posible mayor acumulación de nieve en la cordillera podrían favorecer las reservas destinadas al riego, además de aportar humedad a los perfiles de suelo y contribuir temporalmente a la recarga de algunos acuíferos.
Para una provincia que atraviesa desde hace años una situación de déficit hídrico, este aspecto puede representar un alivio para la actividad agrícola. Sin embargo, los especialistas remarcan que una temporada con más agua no significa que la crisis hídrica estructural de Mendoza quede solucionada.
El desafío: cuándo y cómo llega la lluvia
El problema aparece cuando las precipitaciones se concentran en momentos sensibles del ciclo productivo.
En los meses de primavera, distintos cultivos atraviesan etapas como la floración, polinización y cuaje, por lo que una tormenta intensa, viento fuerte o una variación brusca de temperatura puede generar daños.
En frutales como duraznos, cerezas y otros cultivos, el impacto dependerá de la especie y del momento exacto de desarrollo en el que se encuentre cada plantación.
En la vid también puede producirse una menor formación de frutos cuando las condiciones meteorológicas afectan la floración y el cuaje.
Más humedad, más atención sanitaria
Otro aspecto que deberán seguir de cerca los productores será la aparición de enfermedades asociadas a la humedad.
Una primavera y un verano más húmedos pueden generar condiciones favorables para el desarrollo de enfermedades provocadas por hongos, especialmente en viñedos y plantaciones frutales.
Por eso, el monitoreo sanitario y la anticipación serán fundamentales si finalmente se instala un escenario de lluvias más frecuentes.
El granizo, otro factor de preocupación
Las tormentas intensas también pueden aumentar el riesgo de granizo, uno de los principales problemas que enfrenta la producción mendocina.
Para los productores, esto implica mantener en condiciones los sistemas de protección disponibles, revisar coberturas y seguros y seguir de cerca los pronósticos y alertas meteorológicas durante la temporada.
La combinación de agua disponible y eventos extremos será, en definitiva, uno de los puntos centrales de la próxima campaña.
¿Qué puede significar para el Valle de Uco?
En el Valle de Uco, donde la agricultura y la producción vitivinícola tienen un peso importante, el comportamiento del clima durante la primavera y el verano será especialmente relevante.
Una mayor disponibilidad hídrica podría favorecer a los cultivos y reducir la presión sobre el riego, pero las lluvias intensas, el granizo, el viento y la humedad también pueden generar pérdidas si coinciden con etapas sensibles de los cultivos.
Por eso, más que anticipar un resultado positivo o negativo, los especialistas plantean un escenario que requiere planificación y seguimiento permanente.
El Niño todavía presenta un margen de incertidumbre y su intensidad definitiva no está determinada. Lo que sí aparece como una certeza para el sector agrícola es que los próximos meses exigirán estar atentos a la evolución del clima y tomar decisiones con anticipación.











