
La aparición de jóvenes que se reconocen como “therians” (adolescentes que adoptan estéticas o comportamientos vinculados al mundo animal) instaló un debate que combina desconcierto y mucho, mucho rechazo. El punto más alarmante no es la expresión juvenil en sí, sino la velocidad con la que se activa el odio colectivo.
En Mendoza, una convocatoria para reunirse en la Plaza Independencia fue suspendida luego de que circularan mensajes que promovían agresiones contra quienes asistieran. El episodio encendió la discusión provincial y tuvo su réplica en el Valle de Uco.
En Tunuyán, en grupos de trabajo comenzó a compartirse una invitación a una supuesta “juntada therian” en la Plaza San Martín. El posteo —que aparenta provenir de un perfil no auténtico— incluía una imagen de jóvenes con estética therian y el mensaje: “LOS THERIANS LLEGAMOS A TUNUYÁN. JUNTADA THERIAN ¿CUÁNDO? LUNES 09 ¿DÓNDE? PLAZA CENTRAL ¿A QUÉ HORA? 5PM”.

En cuestión de horas, la publicación superó los 150 comentarios, en su mayoría cargados de burla y agresividad. Aunque no hay confirmación de que el encuentro fuera real y finalmente no se realizó (tras la suspensión previa en Capital), la convocatoria funcionó como disparador de una catarata de mensajes violentos.

Entre los comentarios podían leerse expresiones como: “Va el móvil veterinario… vacunación y castración”; “Ojo en San Carlos los que se autoperciban liebres”; “Que vuelva el servicio militar obligatorio para todos estos”; e incluso publicaciones que sugerían situaciones de riesgo con perros potencialmente peligrosos, alentando a no utilizar bozal.
El contenido no solo expuso burlas, sino también insinuaciones que rozan la incitación a la violencia. Más allá de la autenticidad del perfil que difundió la invitación, el fenómeno dejó al descubierto una predisposición social a reaccionar con hostilidad frente a lo diferente.
Identidad y reacción social
La adolescencia es históricamente una etapa de exploración y construcción identitaria. Distintas generaciones encontraron formas diversas de expresar pertenencia y diferenciación. Sin embargo, en el contexto actual, amplificado por redes sociales, cualquier manifestación que se aparte de lo convencional puede transformarse rápidamente en blanco de escarnio público.
Algo que no implica daño directo hacia terceros termina generando respuestas desproporcionadas, potenciadas por el anonimato y la viralización digital.
El desafío de la convivencia
El caso de Tunuyán y el antecedente en Capital muestran que el fenómeno excede una moda puntual. La discusión de fondo no es si una expresión juvenil resulta extraña o incómoda, sino cómo reacciona la comunidad frente a aquello que no entiende o no comparte.
En tiempos de exposición permanente, una publicación (incluso dudosa o anónima) puede convertirse en excusa para canalizar frustraciones y prejuicios. El fenómeno therian, más allá de su alcance real en Mendoza, terminó funcionando como espejo de una tensión social más amplia: la dificultad para convivir con la diferencia sin recurrir a la descalificación o la violencia.

