
Con la entrada en vigencia del acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea, Mendoza empieza a ver beneficios concretos en varios de sus productos exportables, aunque con diferencias en los tiempos de implementación. Mientras algunos sectores acceden a ventajas inmediatas, otros deberán atravesar un proceso gradual de reducción de aranceles (con plazos que van de 4 a 8 años).
Entre los más favorecidos aparece el complejo olivícola: unas 2.000 toneladas de aceite de oliva podrán exportarse sin pagar aranceles desde 2026, lo que implica una mejora significativa frente al esquema previo (que imponía costos elevados por tonelada). También las nueces sin cáscara entran en este grupo de desgravación inmediata, aunque persisten dudas sobre el cronograma para productos derivados como las aceitunas en conserva (que hoy tributan y bajarían progresivamente).

El ajo mendocino, uno de los pilares exportadores de la provincia, también se beneficia, pero con límites: ingresa al mercado europeo sin aranceles, aunque bajo un cupo inicial de 1.700 toneladas (que crecerá hasta alcanzar 15 mil en ocho años). El esquema actual funciona bajo la lógica de prioridad por ingreso (es decir, quien exporta primero accede al beneficio), lo que abre un escenario competitivo entre empresas (y obliga a repensar cómo se distribuirán esos cupos a futuro).
En paralelo, otros productos clave como el vino, la miel y la ciruela desecada avanzan en una reducción progresiva de aranceles. En el caso del vino, la carga impositiva bajará de manera escalonada en un plazo de cinco años, mientras que la ciruela ya registra una leve mejora en su tasa (aunque todavía lejos de la eliminación total).
Así, aunque el acuerdo marca un punto de partida relevante, los beneficios plenos serán graduales y dependerán tanto de la evolución de los cupos como de la competitividad de los exportadores locales (en un contexto donde cada punto porcentual puede definir una operación comercial).

