
El mercado laboral del Gran Mendoza atraviesa un momento de alta fragilidad, marcado por el crecimiento de la desocupación y la dificultad para acceder a empleos estables.
En el último año, unas 10.000 personas se sumaron a la lista de quienes no tienen trabajo, lo que evidencia un deterioro sostenido en las condiciones económicas de la región.
Pero el problema va más allá del desempleo: también creció la subocupación, es decir, personas que trabajan pocas horas o cuyos ingresos no alcanzan. Cada vez son más los mendocinos que necesitan un segundo empleo para cubrir sus gastos básicos.
Este escenario muestra un cambio en la dinámica laboral, donde incluso quienes tienen trabajo enfrentan ingresos insuficientes y condiciones más precarias.
Entre los factores que explican esta situación aparecen la desaceleración económica, la menor actividad en sectores productivos clave y la dificultad para generar nuevos puestos de trabajo.
Además, el aumento de la población económicamente activa —personas que buscan insertarse en el mercado— también presiona sobre un sistema que no logra absorber esa demanda.
En este contexto, el desafío no solo pasa por reducir la tasa de desempleo, sino también por mejorar la calidad del empleo, garantizando mayor estabilidad, mejores salarios y oportunidades reales de crecimiento.

