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Natalia Ortega analizó la complejidad del acoso escolar en el Día Nacional contra el Bullying

mayo 5, 2026

La Licenciada en Psicología aportó su visión profesional para abordar el hostigamiento en las aulas. Durante la entrevista, con Canal 8, definió los criterios técnicos que constituyen el bullying, advirtió sobre las señales de alerta que deben observar padres y docentes, y enfatizó el rol crucial de los adultos para frenar la violencia sistemática entre pares.

Para comprender la dimensión del problema, la Lic. Natalia Ortega comenzó delimitando qué situaciones constituyen técnicamente un caso de bullying y cuáles no. La especialista enfatizó que no cualquier conflicto entre compañeros debe ser catalogado bajo este término, ya que el acoso escolar posee características propias que lo vuelven un fenómeno particularmente dañino.

Según explicó Ortega, «hablamos de bullying cuando hay un hostigamiento que es sistemático y sostenido en el tiempo», diferenciándolo de una pelea aislada o un desacuerdo puntual.

Además, subrayó la importancia de la intencionalidad detrás de la conducta, señalando que «existe una intención clara de dañar, humillar o excluir al otro dentro del grupo de pares», lo que genera un sufrimiento constante en la víctima y altera profundamente la convivencia sana.

La asimetría de poder como factor clave del bullying

Uno de los puntos más relevantes abordados por la psicóloga fue la dinámica de poder que sustenta el acoso en las aulas. Ortega describió que el bullying no ocurre entre iguales, sino que se nutre de una desigualdad preexistente o generada por el propio grupo. En este sentido, afirmó que «hay una desigualdad de poder donde la víctima se encuentra en una situación de indefensión», lo que le impide defenderse efectivamente de las agresiones, ya sean físicas, verbales o, cada vez más frecuentemente, digitales. Esta asimetría de poder se ve reforzada cuando el entorno permanece en silencio o avala la conducta, ya que el agresor percibe impunidad y la víctima se aísla aún más en su sufrimiento, consolidando el ciclo de violencia que se busca erradicar.

Señales de alerta y el rol fundamental del adulto

Al finalizar, la profesional brindó herramientas concretas para la detección temprana y la intervención efectiva, resaltando que la responsabilidad de resolver el conflicto no puede recaer sobre los menores. Ortega aconsejó a las familias y docentes estar atentos a cambios en la conducta, advirtiendo que «es común que aparezcan dolores de panza, de cabeza o dificultad para dormir antes de ir a la escuela», señales claras de somatización ante el estrés que provoca el entorno hostil.

Ante la sospecha de un caso, la especialista fue contundente respecto al accionar de los mayores:

«El bullying no es algo que los chicos tengan que resolver solos para ‘hacerse fuertes’; es una situación de violencia donde el adulto debe intervenir de forma inmediata», invalidando así la naturalización del maltrato como parte del crecimiento.