
En la previa de la cumbre del PRO, el Gobierno de Javier Milei salió a bajarle el tono al encuentro y a cualquier posible anuncio electoral que surja de allí.
Puertas adentro de la Casa Rosada, consideran que el espacio amarillo ya no tiene la relevancia política de otros años y que su capacidad de influir en el escenario electoral es limitada. Incluso, desde el oficialismo sostienen que el PRO “no mueve la aguja” en términos de intención de voto.
Según fuentes cercanas al Ejecutivo, el partido fundado por Mauricio Macri apenas concentra entre 4 y 5 puntos del electorado, lo que lo ubica como un actor con poco peso competitivo frente a La Libertad Avanza.
En ese contexto, desde el entorno presidencial también cuestionaron el apuro electoral del PRO, que analiza definir candidaturas con miras a 2027. “¿Ya estamos discutiendo presidenciales?”, deslizaron con ironía desde el gabinete.
El oficialismo sostiene que el espacio antikirchnerista ya está ocupado por el liderazgo de Milei y que no hay margen para una segunda fuerza con el mismo discurso. Bajo esa lógica, advierten que cualquier intento del PRO por competir en ese terreno podría terminar en una fragmentación sin chances reales.
Sin embargo, pese a la tensión política, en el Gobierno creen que la relación con el PRO en el Congreso se mantendrá, al menos en el corto plazo, para avanzar con leyes clave.
Así, mientras el macrismo busca reposicionarse, el oficialismo intenta consolidar su liderazgo minimizando a sus posibles competidores dentro del mismo espacio ideológico.

