Macri, el círculo rojo del PRO y la visión estratega de Cornejo

Macri, el círculo rojo del PRO y la visión estratega de Cornejo

Darío Ibáñez Manzano, Grupo 8

No se dieron cuenta… Hacía falta la contundencia de los votos para que en el entorno del presidente, el exclusivo círculo rojo, advirtiera que le estaba pidiendo mucho a sus votantes. A esa clase media y baja que en 2015 entendió que había que sacrificarse, hacer un esfuerzo. Y lo hizo. Y lo hicieron las pymes, y el sector productivo. Pero mientras lo hacían, veían cómo los bancos, los capitales financieros especulativos se llevaban ganancias descomunales. Y los brotes verdes nunca llegaron. Las inversiones productivas no pasaron de ser una expresión de deseo nunca cumplida. Y el hartazgo social fue inevitable. Pero el círculo rojo no lo vio. Y aunque con el “Sí, se puede”, y la reacción con medidas desesperadas tras la derrota en las PASO lograron acortar la diferencia, no alcanzó.

La estrategia de profundizar la grieta y convertirse en “ellos o nosotros” le jugó en contra a Macri. 

Es que no conoce al peronismo que, a pesar de estar divididos y enfrentados, supieron (siempre lo saben) volver a juntarse, reciclarse y salir al ruedo. Puro mérito de Cristina Fernández que juntó a Alberto, a Sergio Massa, y otros enemigos íntimos; Vio el potencial de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires; y encolumnó a la mayoría detrás de su figura y la de Alberto. Magistral. Cristina conoce como nadie al peronismo.

PERO CORNEJO TAMBIÉN LOS CONOCE

Y Alfredo Cornejo, volvió a demostrar que es uno de los dirigentes más lúcidos de la política actual. Porque no sólo vio lo que el resto de los dirigentes de Cambiemos no pudo ver, sino que además demostró que también conoce al peronismo, incluso mejor que muchos peronistas. Y trató de advertirles. Pero el círculo rojo del PRO es demasiado cerrado. Y no lo escucharon. Entonces el mendocino hizo su jugada. Sin sacar los pies del plato y sin negar su pertenencia, armó su propio juego en la provincia. Y le salió bien. Para Cornejo fue una “tremenda estupidez de Alberto Fernandez venir a Mendoza a decirle a los mendocinos cómo debíamos votar”. Y tenía razón. Conoce muy bien a los mendocinos también.

Cornejo hizo ganar a Macri en Mendoza. El presidente obtuvo más del 50 % de los votos en tierras mendocinas, contra casi el 38 de Fernandez. Y ganó en 12 de los 18 departamentos también. Ganó en territorios peronistas como San Rafael, Tunuyán y Maipú. Sólo perdió y por muy poco, en seis comunas, dos de ellas bastiones radicales como Malargüe o Tupungato. Raro.

En Mendoza ya no hay tercera fuerza. Fue muy fuerte la polarización. Tres de las cinco bancas en juego las ganó Cambia Mendoza y las dos restantes el frente de Todos. 

Alfredo Cornejo liderará el tridente opositor mendocino, junto a Jimena Latorre y Omar de Marchi, que llegarán para sumarse a Claudia Najul, Luis Petri, y Federico Zamarbide.

Y AL PERONISMO DE MENDOZA… QUIEN PODRÁ SALVARLO?

Los peronistas de Mendoza todavía están aturdidos. Haciendo enormes esfuerzos para mostrarse unidos, aunque divididos en la práctica, tienen una enorme tarea por delante.

Aunque el peronismo siempre te da sorpresas. Y cuando parece que se están peleando, en realidad se están reproduciendo, tal como ellos mismos repiten.

Lo cierto es que Marisa Uceda y Alejandro Bermejo viajarán a ocupar las bancas mendocinas y se unirán a Omar Félix para conformar el bloque oficialista mendocino. 

Pero habrá muchas sorpresas que los peronistas de Mendoza están preparando. Ya hablaremos de eso.

NUEVO GOBIERNO. NUEVO MODELO

Pero volvamos a la Nación. El 10 de diciembre asumirá un nuevo presidente que propone un modelo completamente diferente al actual. Y tanto Alberto Fernandez que llega, como Mauricio Macri que tiene que gobernar hasta el último día de su mandato, deben tener en claro que la sociedad argentina ya no entrega cheques en blanco. Que se van a necesitar grandes acuerdos. Ninguno va a tener mayoría absoluta. Tal vez ésta sea una oportunidad histórica de comenzar a cerrar la grieta que nos separa y tanto nos daña. Ojalá ésta vez los argentinos, como dijo alguna vez un dirigente, finalmente estemos “condenados al éxito”.