Los argentinos y Halloween, ¿festejamos o no?

Los argentinos y Halloween, ¿festejamos o no?

Todos los 31 de octubre de cada año se celebra Halloween y cada vez más gente decide festejarlo. En cada rincón del país aparecen más y más chicos disfrazados de fantasmas, calabazas o brujas que comen golosinas hasta empacharse.

Sin embargo, no hay nada más alejado de nuestra historia y cultura que este “festejo”. Cada vez más, costumbres ajenas, extranjeras se filtran en nuestras tradiciones.

Desde los institutos de inglés quieren hacerles creer a los chicos que asisten que forman parte de esa cultura por eso, en vez de festejar un 25 de mayo o el 9 de julio con locro o empanadas, hay que festejar “Halloween” con caramelos.

Mientras tanto, series, películas y dibujitos animados educan a los chicos como si todo lo que pasa en la televisión fuese la realidad, los más chicos están colmados de productos de la industria cultural que les enseña que tanto “Halloween” como el “Día de los Enamorados” son las fechas más importantes del calendario. Bienvenido todo lo que sea para vender: Así las publicidades y los comercios aprovechan para vender todo los productos que importen relacionado con esta festividad extranjera.

Además, la comunidad cristiana evangélica destaca que no es una tradición argentina. Como ocurre siempre que se importan actos culturales diferentes a los nuestros, el verdadero significado queda relegado a una simple imitación. Jamás se ha celebrado como parte de nuestra cultura e idiosincracia argentina, una noche dedicada a las brujas.

Por otro lado, sirve para rendir culto a satanás. Aunque en apariencia es una actividad recreativa y muy llamativa, sobre todo para los niños, su verdadero significado sigue oculto a nuestros ojos. En muchos países, incluyendo el nuestro, los grupos satánicos usan esa noche para un “culto” especial dedicado a satanás y en muchos países alrededor del mundo, se hacen sacrificios humanos, sobre todo de niños que han sido secuestrados de sus hogares y que son ofrecidos como víctimas inocentes en una noche de lujuria, drogas, alcohol y toda clase de desenfrenos, en las llamadas “misas negras”.

Finalmente, se opone al primer mandamiento. Este tipo de actividades, ni exalta el nombre de Jesús, ni tiene nada que ver con su Padre Celestial y mucho menos con el Santo Espíritu del Dios Altísimo. Por lo tanto va en contraposición al primer mandamiento de amar a Dios con toda nuestra alma, nuestra mente, nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas; en fin con todo nuestro ser.

Fuente: El Intransigente


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