Llegó hasta La Paz el agua del río Tunuyán después de casi 30 años

Llegó hasta La Paz el agua del río Tunuyán después de casi 30 años

El martes a la noche el agua llegó a La Paz. Quienes tienen menos de 30 años no recuerdan haber visto algo así. El Río Tunuyán siempre fue para ellos un cauce seco, arenoso, polvoriento, casi perdido.

“Hoy llegamos a un récord histórico: 152 metros cúbicos por segundo”, cuenta Roberto Ochoa, encargado de Irrigación del dique Benegas y que no recuerda haber visto jamás una creciente semejante. La media del Tunuyán es de 28 metros cúbicos por segundo.

Allá, en el cauce del Tunuyán Inferior, no ha habido casas anegadas ni evacuados. Apenas alguna retroexcavadora ha tenido que abrir un canal improvisado para que el agua vuelva a su cauce original.

Don Ortiz viene en bicicleta. Está por pasar por el puente que lo llevará hasta la ciudad de Rivadavia.

Frena. “No sé, la verdad no estoy seguro de cuándo fue la última vez que el Tunuyán trajo tanta agua. Fue cuando yo todavía trabajaba en la fábrica Noel, y hace muchos años que esa fábrica cerró”, y se queda pensando.

“Yo era chico, y ahora tengo 46. Me acuerdo que vinimos con mi papá a ver cómo el agua pasaba por arriba del puente”, dice Juan Pablo, hablando sobre el mismo puente y el mismo río que acaba de cruzar don Ortiz. “Creo que fue en el ’82″, sostiene, mientras se rasca la cabeza como tratando de que así surja el recuerdo exacto.

Los empleados de Irrigación que están en el dique Benegas (“el dique Medrano” le llaman los lugareños) tampoco pueden acertar en el recuerdo, a pesar de que alguno está cerca de la jubilación. “Fue hace muuuucho”, dice uno y con cada “u” agrega un año más.

Habrá que buscar a un memorioso. Don Miguel Ronco es uno de ellos. Al hombre le ha tocado ser por estos días el intendente de Rivadavia.

“Sí, lo recuerdo. Fue durante el gobierno de facto. Tiene que haber sido en el ’77 o ’78. Esa vez el río se llevó parte de los costados y descalzó el puente de El Central. Lo mismo pasó acá, en el puente que va de Rivadavia hacia La Libertad y Gargantini”, dice. El recuerdo de Ronco es el mismo de Juan Pablo, que lo ubicaba en el año ’82.

El intendente (su manera de contar es agradable, campechana) agrega más datos: “Me acuerdo que esa vez la creciente se nos llevó el puente de madera de Santa María de Oro. Ahí la correntada había hecho un atoradero y el agua empezó a inundar los cultivos. Entonces hubo que dinamitarlo”.

Miguel Ronco también da un diagnóstico acertado. “El problema de ahora es que el río no traía agua desde hace muchos años y ya no había cauce”. Es cierto. Apenas había vestigios de lo que había sido el Tunuyán y el agua, ahora, se esparce e inunda toda la ribera. “No ha habido limpieza del curso durante mucho tiempo”, dice.

En El Carrizal trabajan para elevar la cota

Mientras el Tunuyán llegó a La Paz y se suceden las tormentas, el embalse de El Carrizal está en obra. Una empresa trabaja para levantar el nivel del vertedero y elevar la cota máxima un metro y medio.

“Esto hace que estén liberando agua, para que puedan seguir trabajando”, dice el intendente Ronco, de Rivadavia. Por eso, mientras duren esos trabajos, el lago se mantendrá por debajo de su cota antigua.

“Estos días han dejado salir hacia el río unos 30 metros cúbicos por segundo”, dice don Miguel.

En el dique Benegas, el encargado del lugar cuenta que “hoy tenemos record de 152 metros cúbicos por segundo, pero ayer ya teníamos 117 y antes de ayer, 123″. Luego mira hacia la cordillera: “Y hoy parece que va a llover”, dice.

Allí, en el Benegas, se regula el paso. Parte del agua va hacia los canales “emporlados” (así los llaman a los canales hormigonados) y otra parte va hacia el río.

No hay riesgos ni aquí ni aguas abajo. El sistema es capaz de mucho más.

“No soy experto en eso, pero podría decir que el 50 por ciento del agua que está viniendo es de deshielo y el otro 50, de la lluvia”, estima Roberto Ochoa.

El intendente Ronco cuenta que en estos días, “se han anegado parte de la pista de Aerotec (el aeródromo de Rivadavia) y una ladrillera que está cerca del río, y también tuvimos que asistir a una familia de allí cerca, pero no ha sido nada grave”.

En La Paz han llamado río arriba, para ver cómo viene la cosa. Y les han contestado que no hay motivo para alarmarse. Que festejen el agua, que la recuerden, que podrán contar dentro de un tiempo sobre ese verano en el que el Tunuyán volvió a correr, turbulento.

Luego el agua sigue, se divide entre el Tunuyán Nuevo (al norte) y el Tunuyán Viejo (al sur) y desemboca en el río Desaguadero. Y luego, es olvido.

Diario Uno/ Foto Horacio Rodriguez


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