El tunuyanino Alejandro Fadel presentó su nueva película en el Festival de Cannes

El tunuyanino Alejandro Fadel presentó su nueva película en el Festival de Cannes

“Estoy muy contento y muy agradecido. Creo que Cannes es el lugar donde la mayoría de directores sueña con mostrar el trabajo”, dijo Alejandro Fadel, de 37 años, nacido en Tunuyán.

Ayer domingo, se escuchó el acento cuyano en uno de los festivales más importantes de cine del mundo. El director tunuyanino Alejandro Fadel regresó a Cannes, Francia, para presentar “Muere, monstruo, muere”, junto a los actores Tania Casciani, Romina Iniesta y Víctor López, en la sección “Una cierta mirada”, el segundo apartado en importancia, justo detrás de la competencia por la Palma de Oro.

El cineasta ya estuvo en este festival en el año 2012, cuando presentó “Los salvajes”. Esta vez llega con una película de terror, según sus propias palabras-, que está ambientada en un falso Valle de Uco, al pie de la cordillera de los Andes.

El género de terror, reveló hoy a EFE, supuso su “primer acercamiento a la cinefilia, a tratar de entender cómo se realizaba una película y sus estrategias narrativas”, pero no ha querido cerrarse a sus reglas. “Si hoy se siguen los manuales estrictos del género, del terror norteamericano, y lo exportas a nuestras idiosincrasias, se hacen generalmente películas fallidas. Las preguntas acerca del terror, del miedo, se actualizan todo el tiempo, tanto a nivel social y político como formal, y uno tiene que encontrar nuevas maneras de narrarlo”, afirmó.

Sinopsis:

En una región alejada de la Cordillera de los Andes, encuentran el cuerpo decapitado de una mujer. El oficial Cruz de la policía rural se hace cargo de la investigación. David, esposo de Francisca, la amante de Cruz, se convierte rápidamente en el principal sospechoso. Cuando lo internan en un hospital psiquiátrico, incrimina  a un Monstruo que se le aparece abrupta e inexplicablemente. Entonces, Cruz se empeña en demostrar una misteriosa teoría que incluye nociones geométricas, los desplazamientos de una banda de motociclistas y una voz interior, obsesiva, que repita como un mantra: “Muere, monstruo, muere…”